domingo, 22 de enero de 2017

Cómo vivir siendo una gatita xxx

No os voy a engañar, si utilizo el adjetivo de "felina" para definirme, es porque, además de encantarme los gatos, adoro tirarme el palo con las connotaciones sociales, y sobre todo sexuales, que tienen estos animales, máxime si son del género femenino.
Y es que cuando se dice de una mujer que es una gata, se pueden hacer todo tipo de interpretaciones, ya que eso puede significar que es misteriosa, que es traicionera, que es independiente, que le gustan las folladas sin compromiso... o un sinfín de cualidades más que los gatos nos evocan. A mí todas me gustan, incluso las que puedan ser más descalificadoras, porque a veces esas cualidades o presuntas características son más fruto de la envidia que de algún aspecto realmente negativo (menudas arpías hay sueltas por ahí, jeje).

Pero, ¿por qué esa controversia cuando se trata de definir las cualidades de los felinos, y más concretamente, de las felinas? Bueno, eso no está muy claro, pero lo que sí os puedo decir es que, en el caso de las hembras, esas cualidades tienen origen en la divinidad; sí, como lo oís o más bien lo leéis, las jovencitas xxx felinas tienen su propio origen en una diosa del Antiguo Egipto, llamada Bastet. 

Bastet era la diosa madre de todos los gatos, protectora del hogar y de la familia, y representaba la fertilidad, la alegría y la energía femenina; irónicamente, se la representaba como una hermosa gata negra, para que se enteren todos aquellos que sean un poco supersticiosos. Y aunque en principio simbolizaba la serenidad y la tranquilidad femeninas, la mitología cuenta que cuando se enfadaba se transformaba en una leona feroz, que podía hacer temblar con su ira el mundo de los dioses, por muy en el inframundo que se quisieran esconder, jeje.

A mí, qué queréis que os diga, me encanta esa dualidad, y ese mostrarme con los hombres como una gatita asustada y mimosa, hasta que llega la hora de mostrar mis verdaderas pasiones y transformarme en una auténtica fiera leonada. Soy consciente que más de uno (y una) habrá pensado que, más que felina, soy una auténtica zorra, de esas que en los vídeos porno en vivo se llevan a la cama a todo el que se le pone por delante, pero como ya he explicado, me importa muy poco lo que los demás piensen de mí: tener las cualidades de la diosa Bastet me encanta, y que me sirvan para mi propio placer, es todavía mejor.

Suelo pensar que en algunos años me convertiré en una de estas maduras xxx atractivas y sensuales, que van arrastrando las miradas de los hombres por allí donde pasan; pero no me da miedo esa situación, siempre he sido aficionada al porno extremo, jejeje. Casi se me presenta como un reto, el saber que ya no voy a tener mis habilidades felinas al cien por cien, pero que tendré que buscar otras formas de llevarme a los tíos a mi terreno, desarrollando otras nuevas.

No tengo problema en adaptarme, seguiré pensando que mis análogas cuadrúpedas me inspirarán tal y como lo han hecho siempre; Bastet me inspirará para ello, y quién sabe si, buscando entre las diosas antiguas, también encuentro a otras con las mismas cualidades que ella. Todo es cuestión de buscar, ¿o no?

Y por cierto, no tendría ningún inconveniente en tener algo así como un club de aprendices, así que si alguna de vosotras quieres seguir mis pasos no tiene más que seguirme y hacerme llegar sus cuitas o preocupaciones, que yo intentaré ayudarla de la mejor manera que existe: la manera "felina".


Por de pronto seguid siguiendo mi blog, si os ha gustado lo que os cuento hasta ahora. Tengo pensado haceros una crónica de mis vivencias como chica felina, para que veáis cómo se puede vivir la sexualidad de esta forma tan original. Dicen que las gatas no suelen ser fieles, sólo buscan un macho cuando andan en celo; pero yo, como también mantengo mis cualidades humanas, no soy totalmente así. De vez en cuando también he sido fiel a un hombre, siempre y cuando éste me haya dado las suficientes razones para serlo, y no me arrepiento; aunque reconozco que el celo me ataca muy frecuentemente. Y dentro de muy poco os preguntaré si a vosotras os pasa lo mismo, ¿querréis seguir leyéndome?

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